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Luis "Luchi" Kuhn, sodero de Winifreda

Sodería Kisner es una empresa familiar winifredense de Carlos Kisner, que en sus comienzos fue de don José Kisner, luego fue de los dos hermanos Kisner, Nito y Carlos Kisner, y hoy es de Carlos Kisner.

- Cronista: Fernando Catuto Ojeda -

En Winifreda, nosotros los pueblerinos cotidianamente tenemos el gusto de recibir la soda, el vino, el agua, las gaseosas y jugos en el reparto que brinda la Sodería Kisner. Hoy el que hace el reparto casa por casa es Luchi Kuhn a quien, nosotros los winifredenses, le decimos “El Sodero” o “Luchi el sodero”. Él es quién desde hace 38 años nos visita para dejarnos lo que le solemos encargar. Con Luchi (Luis) Kuhn tuvimos el gusto de hablar sobre su oficio, un profesional del reparto de soda y todo lo que tenga que ver con el mundo de Sodería Kisner.

“Luchi” desde muy joven comenzó a trabajar con Don Kisner el papá de Carlos y Nito Kisner, por aquel entonces corría el año 1978, pero al poco tiempo Luchi en 1982 tuvo que dejar de trabajar porque le tocó “la colimba”, es decir le tocó ir a cumplir con el “Servicio Militar” que por entonces era “obligatorio” por Ley. En 1983 regresó del “Servicio militar” y se reincorporó a la Sodería Kisner.


“Cuando en el ‘83 volví del servicio militar, entré en blanco y ya tengo 38 años de antigüedad”, respecto de sus años en la Sodería Kisner Luchi nos dejó saber cómo fueron esos años hasta el día de hoy que sigue siendo para nosotros, los winifredenses, “el sodero”.


_Después bueno el abuelo Kisner dejó, y siguió Kisner Hermanos, que son el tío Nito y el tío Carlos. Esto hasta el año ’93, ahí quedó Carlos Oscar Kisner, mi tío Carlos, y siempre haciendo de todo, al mando de ellos, siempre bien, todo siempre fue un trabajar en familia. A mí siempre me gustó el reparto, me lo fueron dando despacito al reparto, y desde el año ’93 que yo quedé con el tío Carlos quedé solo para el reparto y hoy casi que le manejo casi toda la calle yo. Y en el negocio están los chicos, el Fabián, los yernos, son muchos años, con todos me llevo bien, y bueno parece que hicimos bien las cosas.


Luchi rememora y cada rememorar se le ilumina la cara, porque una cosa es vivirlo y otra es contarlo, y cuando Luchi lo cuenta es volver a vivirlo.

_ Cuando empezamos con el abuelo José, estábamos con mi hermano Héctor, el tío Nito y el Tío Carlos. El Héctor se dedicó más al camión, porque tenían camión, con la leña, a él le gustó siempre más el camión. Y bueno yo me quedaba ahí porque me gustaba más el reparto. Hacíamos la soda, lavábamos los sifones a mano con el abuelo Kisner, en un balde con un trapo, era el sifón de vidrio, todavía teníamos los sifones de vidrio en ese entonces. Después se fue mejorando, fueron comprando sifones de plástico despacito para ir cambiándolos despacito porque tenía un costo muy alto cambiarlos todos juntos de golpe. Hoy son todos de plástico.


Luchi recuerda que “Por ese entonces ya había dos camionetas, no solo repartíamos soda, vino, agua, sino también leña. Mi hermano traía la leña con el camión grande, descargaba y cortábamos la leña y después salíamos con la camioneta a repartir la leña, y capaz que terminábamos de repartir la leña y la barríamos y salíamos a repartir la soda, el vino todo eso”.


Luchi Kuhn cuenta que cuando se separa la sociedad conformada por los hermano Kisner él se quedó en Sodería Kisner porque le gustaba el reparto. Su hermano Héctor Kuhn se fue con el tío Nito que se había quedado con el camión y a su hermano siempre le gustó andar más en el camión.

Carlos Kisner con el carro fama y la yegua LA MARIPOSA foto tomada por Nenote Wiggenhauser

Luchi “el sodero” nos sigue recuerda “Los primeros repartos eran con un carro “fama” que era tirado por “Mariposa”, una yegua. Los repartos lo hacíamos con el tío Carlos. Ahí aprendí muchas cosas. La camioneta recién llega en el ochenta y pico, ochenta y tres, ochenta y cuatro, capaz que un tiempo antes en el ochenta y dos. Esos fueron los primeros años y así pasaron los años”.


En todos estos años la Sodería fue cambiando, como el mundo fue cambiando. En los pueblos esos cambios se notan, aunque algunas cosas no cambian, en los pueblos el tiempo es otro, el ritmo de los pueblos es otro, por eso a los pueblerinos nos gusta volver al pueblo y quedarnos transitando el tiempo de los pueblos. Luchi Kuhn sabe de ello y nos cuenta sobre su oficio de ser sodero, un oficio que no se aprende en ninguna universidad ni escuela alguna, más bien esa escuela es la sodería misma y el andar, recorrer durante tantos años las calles de Winifreda, el trato con los vecinos, con las vecinas, los chicos del pueblo.


Luchi se adentra en lo que su memoria de sodero atesora y nos deja saber sobre ello.

_ Y los cambios se notan, en los envases por ejemplo, lo que antes venía en vidrio ahora viene mucho en plástico, como por ejemplo la coca, antes repartíamos la botellita de vidrio chica, ahora todavía se ve pero muy poco, ahora es todo de plástico prácticamente. Con la botellita de vidrio era devolver el envase. Antes por ejemplo repartíamos Whisky, eso se perdió bastante. Por ejemplo antes para los bailes se llevaba mucho Whisky, bailes como los de “El Guanaco”, llevábamos mucho Whisky, y hoy no, se lleva cerveza, cambió el gusto de la gente, y hoy la muchachada cambió el gusto. El vino venía damajuana de 10 litros, ahora viene la de 5 litros pero también se va perdiendo y la gente se está inclinando mucho para el vino bueno, capaz que toma menos cantidad pero toma vino bueno, los reserva, el agua mineral la llegamos a vender en damajuana de vidrio. Ahora ya viene en plástico con el dispense. La gente se concientizó en cuidarse la salud. La gente nos encarga de bebidas a todo lo que es productos del almacén, eso es lo que tiene Sodería Kisner muy buena atención.


Cuando le preguntamos a Luchi sobre lo que significa el reparto, piensa, hace una pausa con un suspiro y se conmueve

_ El reparto me gustó siempre, siempre voy con esas ganas, por ahí ahora me siento más grande pero me gusta, y la sodería para mí fue siempre viste algo importante, mi familia. Ahora cambió mucho, todo es por teléfono, tenés dos o tres cosas que hacer, manejar la camioneta, atender el teléfono, bueno tengo un compañero que me ayuda con el tema de bajar los bidones, todo eso. Entonces el tío Carlos eso lo bueno que tiene y llamó a un muchacho para que ande conmigo en la camioneta.


Sobre el final de la charla con Luchi Kuhn el sodero del pueblo, de Sodería Kisner nos dejó una anécdota.

_Una vez estábamos repartiendo con el Tío Carlos, y paramos en el Club Social y Deportivo Winifreda. Andábamos con el carro fama y la yegua, que se llamaba Mariposa. Y la yegua, la Mariposa era muy asustadiza, y donde veía algo medio raro arrancaba sola. Y va y pasa un camión, y el viento levantó la lona, con la que tapábamos las cosas en el fama, y la yegua arrancó. Estábamos adentro del club con el tío Carlos cobrando y el tío dice ‘la yegua…’ que cuando salimos ya llevaba como una cuadra y pico y nosotros corriendo de atrás y bueno la agarramos como a las dos cuadra y pico, y paró allá cerca de lo de la Aurelia Feininger, alguno la paró y nosotros ya llegamos, pero no pasó nada. Si eso hubiera pasado hoy hubiese rayado como veinte coches. Bueno esa es una anécdota, después la yegua, Mariposa ya conocía el camino del reparto, se cruzaba sola de una casa a la otra. por ejemplo paraba en lo de Nicolas Pelender y se cruzaba a lo de la abuela Smith, pero hoy eso no se puede con la cantidad de coches que hay. Después otra que me pasó ya con la camioneta, y con el carro fama enganchado atrás, como ahora. No sé por qué desenganchamos el fama después a la mañana salimos y paramos en el primer cliente y nos dice 4 sifones, vamos a mirar atrás y no teníamos el carro enganchado y nos habíamos olvidado el carro en la sodería. En ese entonces andábamos con el Marcelo Ponkowsky, como nos reíamos, pero no lo noté che, porque cuando llevas el fama engancha la camioneta va tirando, pero no lo noté. Y hasta el día de hoy sigo saliendo a hacer el reparto con unas ganas.


Luchi Kuhn nos dejó saber ama el oficio de ser sodero, de hacer el reparto. y nosotros disfrutamos de esta historia, una de las tantas que los winifredenses y pueblerinos nos gusta leer. Porque las pequeñas grandes historias hacen a la memoria, a las memorias de los pueblos.



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