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Rodrigo Genoni, contra viento y marea

- por Mario Vega -

La resiliencia lleva a superar contextos difíciles. Fue antes Rodrigo Ibarra y tuvo de pibe una vida compleja con una madre que le dio todo. Sabe de las penurias de la gente y trabaja duro para ayudar.


El sindicalismo argentino tiene una larga y compleja historia que viene desde mediados del Siglo XIX, por lo menos. Las organizaciones obreras comenzaron primero como mutuales y luego como sindicatos. Fueron creciendo a partir del advenimiento de los primeros gobiernos democráticos, elegidos por voto secreto y obligatorio.


Se produjo una expansión del movimiento obrero, y si bien hubo reivindicaciones que se consiguieron con la lucha de los trabajadores como protagonistas de la historia argentina, hubo dirigentes, delegados sindicales y activistas que tuvieron que soportar persecuciones y resultaron víctimas, sobre todo en épocas de dictaduras que alguna vez -lamentablemente- fueron tan frecuentes en nuestro país.


A partir de la década del ’20 -del siglo pasado, claro- se desarrollaron poderosos sindicatos por rama de industria que confluyeron en la Confederación General del Trabajo (CGT). A partir del advenimiento del peronismo los gremios jugaron un fuerte papel respaldando a Juan Domingo Perón, para cambiar las condiciones laborales y mejorar la situación de los trabajadores con importantes reivindicaciones.



Algunos nombres.

Mirando hacia atrás nadie podría dejar de mencionar entre reconocidos sindicalistas -que a cada uno le merecerá la consideración que crea conveniente- a Agustín Tosco, Felipe Vallese (desaparecido a sus 22 años), Raimundo Ongaro. Y obviamente también a personajes como Lorenzo Miguel, Casildo Herrera -aquel que dijo inmediatamente después del golpe del ’76: «Yo me borro…», y se fue a España para nunca más volver-, y otros como Juan Ignacio Rucci y Augusto Timoteo Vandor. Estos dos últimos asesinados en un clima de violencia que sería el prolegómeno de la más negra noche de los argentinos.



Saúl, el de la campera negra.

Tengo muy presente a un dirigente -ya fallecido- que también marcó una época: Saúl Ubaldini (Cervecero), quien llegó a ser titular de la CGT. Lo recuerdo llegando a la municipalidad de Santa Rosa en el atardecer de un frío día de invierno, con una de las célebres camperas de cuero negro que lo caracterizaban en su vestir. Lo esperaba esa tarde Eduardo Feliz Molteni, el intendente entonces, con quien departieron un largo rato.


«La verdad es que Saúl Ubaldini es uno de los sindicalistas que tengo más presente… porque todos los demás los conozco por lo que he leído de ellos, pero nada más», confiesa Rodrigo Genoni (44), hoy subsecretario general del Centro Empleados de Comercio, uno de los gremios con más afiliados en todo el país.



Cuando era Rodrigo Ibarra.

Sonriente, activo, conversador, Rodrigo habla de lo que ha transcurrido hasta el presente. «Sí. Me llamo Rodrigo Genoni, pero antes fui Rodrigo Ibarra… y eso es parte de mi historia», cuenta.


Nacido en Casbas, provincia de Buenos Aires, se crió en Trenque Lauquen. «Mi hermano es Gonzalo Martín Genoni, que comparte mi historia porque apenas nos llevamos poco más de un año… también como yo es Contador Público Nacional, con la diferencia que él ejerce la profesión en forma privada, está casado y tiene dos hermosos hijos».


Y sigue contando: «Mi vieja era Ana María Ibarra, empleada de servicio doméstico y mayormente trabajó como moza… Luchó para darnos a mi hermano y a mí la posibilidad de un hogar, un estudio, una infancia feliz… aunque tuvo que transitar su vida entre alegrías y tristezas para poder lograrlo», menciona.



La casa de «los Lucas».

«Con mi madre y mi hermano vivíamos los tres en una habitación que nos puso a disposición una familia para la cual trabajaba mi vieja: ‘los Lucas’: mamá en una cama y en otra de una plaza mi hermano y yo, uno a los pies del otro. Cada mañana a las 6.30 mi mamá nos llevaba en bicicleta en el porta equipajes… éramos tan chiquitos que entrábamos los dos… Recuerdo los fríos de la mañana y el sabor de la taza de leche que nos daban en el hogar para sacármelo… también a mis amigos del hogar de niños y el nombre de mis señoritas, como le decíamos, hermosas mujeres y con cuanta vocación… Transité el hogar de niños durante 14 años y fue gracias a ese hogar que pude empezar la secundaria».


Pero Rodrigo no olvida otro lugar: «La Rodada era un restaurante de Trenque Lauquen que fue muy importante en mi vida. No sólo era el lugar donde trabajaba mi vieja, sino que con 8 años me tocaba hacer de lavacopas, y de ayudante de mozo. Por lo general lo hacía los fines de semana y hasta los 14 años donde conseguí un trabajo en unas canchas de paddle. Con mi primer sueldo compré una bicicleta. Tampoco olvido las tardes de juegos y aventuras con mis primos que llenaron de felicidad mi infancia…», resume.



«Mi verdadero padre».

Lo cierto es que llevaba el apellido de su madre -«a mi padre biológico lo vi creo que dos veces», dice-, por eso mi papá es Mario Ademar Genoni… él entró en mi vida cuando yo tenía 6 años, es carpintero de oficio como mi abuelo y mi bisabuelo. ¿Sabés?, aún recuerdo el momento: fue un día de verano, yo con 20 años, trabajando los dos en una obra: hablamos y decidimos juntos que me reconocería como hijo, y también a mi hermano. Y un tiempo más tarde empezamos a llevar su apellido… Aún trabaja de carpintero», dice sobre quien considera su verdadero padre, «porque siempre estuvo…».


«En la carpintería a veces trabajaba solo, por ejemplo para pagarme el viaje de egresados de la secundaria u otros gastos de la adolescencia. Pasaba mucho tiempo en la carpintería y arriba de los frutales que la rodeaban», evoca. Y en su mirada aparece como un brillo de felicidad por aquellos viejos tiempos que no lo marcaron negativamente, sino que por el contrario serían un acicate para lo que vendría.



La educación.

Y sigue narrando: «Mi educación en términos institucionales comienza a través del hogar de niños, ya que como ingresé a temprana edad no podía ir al jardín. Luego fui al Jardín nº 1 de Trenque Lauquen… todavía tengo una amistad de ese tiempo con Sergio Barella, a quien le decían ‘El Pillo’. Después la Escuela Nº 1 para finalizar la primaria en la Nº 8. Íbamos por las mañanas y a la tarde volvíamos al hogar de niños hasta las 19 horas».


Más tarde vendrían estudios en la Escuela de Educación Técnica Nº 1 de Trenque Lauquen donde se recibió de Técnico Mecánico. «La vida de doble turno que llevamos forjó amistades inquebrantables con miles de anécdotas. Ya con 19 años me embarqué en la carrera de Contador en la Unlpam, y me vine a vivir a Santa Rosa. Si bien la universidad es pública se necesitan fondos para vivir, y con mi hermano lo pudimos lograr gracias al régimen de becas, el de pasantías, y también formé parte una beca de investigación. Además siempre trabajando, en lo que iba a determinar mi comienzo en la vida de los y las trabajadores de comercio».


«Fui dos períodos consejero directivo por el claustro de estudiantes… La universidad me trae hermosos recuerdos, aunque no fue fácil los últimos años porque ya trabajaba 8 horas por día; pero pude terminar, hacer amigos, con excelentes profesores y hoy puedo aplicar esos conocimientos en el gerenciamiento de Amusin, la mutual de los empleados de comercio», completa.



Deporte y recreación.

Si bien siempre hizo deportes, nunca fue de manera profesional. «De todo un poco… básquet, fútbol, paddle, handball y ya hoy, a mis 44, corro y hago bicicleta con un maravilloso grupo que es Cicloturismo Santa Rosa y La Roseta».


«¿Cuándo adolescente? Por supuesto que había salidas nocturnas que comenzaron allá por los 14 años en algún ‘asalto’ o cumpleaños de 15, donde no siempre era invitado oficial. Recuerdo boliches como Montoto y Novo Mondo en Trenque Lauquen; y ya en mi tierra pampeana haber dado vueltas por Cádiz, El Sol, Margarita, El Jockey y la queridísima ‘Aula 8’ que duró poco», se lamenta.



El sindicalista.

«En 1999, para poder seguir con mis estudios, empecé una pasantía en el Centro Empleados de Comercio de Santa Rosa y fue el comienzo de una decisión de vida. Transité la pasantía haciendo auditoría de aportes de los trabajadores y luego me ofrecieron un contrato laboral en la Obra Social de los Empleados de Comercio. Ya a esta altura, recibido y en mis tiempos libres, me interioricé en la problemática laboral y social de los trabajadores sobre todo en pueblos del interior», se remonta a sus primeros momentos en el gremialismo.


«Las semanas que me tocaban en Santa Rosa recorría las materas de los supermercados y los pequeños comercios para hablar con la gente. Armaba reuniones y cenas. Fue durante 9 años por vocación y militancia, hasta que en 2010 accedo al puesto de secretario de Organización; mi primer cargo gremial. En 2014 me designaron subsecretario general, cargo que ocupo actualmente», señala.


Se ríe recordando palabras de su madre: «Cuando le dije que no iba a ejercer de contador ni abriría un estudio contable para dedicarme a la defensa de los trabajadores me dijo: ‘¿Estudiaste 6 años para ser sindicalista?’. Y sí, quería ser, soy y seré mientras las circunstancias me lo permitan».



Buenos y malos.

Rodrigo considera «al sindicalismo argentino como unos de los mejores del mundo, ejemplo de lucha dentro de la Organización Internacional del Trabajo. Exportamos normativa laboral para proteger los derechos de los trabajadores y tenemos el principal armado político gremial para enfrentar al poder económico que busca, en el mundo, aumentar la pobreza y la concentración de riqueza».


Se mostró «agradecido del gran equipo en su Comisión Directiva con que cuenta hoy el Centro Empleados de Comercio… somos siete personas comprometidas… para mí es muy importante que la clase trabajadora pueda participar en política y conducir el destino de un pueblo. Es la manera en que las decisiones que nos afectan a todos se tomen desde la empatía, desde alguien que sepa lo que no es tener para comer, salir a trabajar todos los días para llegar a fin de mes, o perder un trabajo o no conseguirlo», reflexiona.


«La voy hacer corta: hay buenos y malos gremialistas, como en los sectores cooperativos, mutuales, políticos, dirigentes de clubes, etcétera. Los dirigentes que nos conducen en cualquier ámbito no vienen importados sino que salen de nuestra sociedad», agrega.



El mutualismo y Amusim.

Después Genoni habla de una de las actividades más importantes relacionadas con el CEC. «En 2011 viendo que Amusim -la mutual de los empleados de comercio- hacía años que tenía balances negativos decidí hacerme cargo. Fue una decisión difícil porque hubo que remover autoridades internas y asumir más responsabilidades».


En aquel momento la Mutual contaba con dos farmacias «que daban pérdidas millonarias, había faltante de medicamentos; y además tenía una óptica que daba pérdidas. Yo era muy joven, sentía presión para sacarla adelante, pero de eso dependía también el ingreso de unos 30 trabajadores».


El presente es bien distinto: «Sí, siete años después tenemos 5 farmacias Amusim y vamos a abrir la sexta en Santa Isabel. Y esperamos abrir cuatro más en un corto plazo, pensando en General Acha y General Pico. Tenemos también una óptica funcionado y creciendo, el Recreo Mercantil, conseguimos construir el Hotel UNIT, está Amusin Saludable, Amusin Mascotas y Amusin multimedios, relacionado al servicio de internet donde desarrollaremos inversiones en toda la provincia por más de 120 millones de pesos», informa.



La familia.

Hablando de su intimidad, dice que en 1995 conoció a Mariángeles Salim. «Era amiga de una compañera de estudios que conocíamos como ‘La Keny’… Por años fuimos del mismo grupo y en 2000 empezamos nuestra historia… Y aunque hoy no estemos juntos, nos seguimos acompañando», completa.


Mariángeles es nativa de Uriburu, profesora de Inglés «y entregó muchos años de su vida a mejorar la educación de los adultos de la provincia. Es inteligente, trabajadora, estudiosa, compañera, amiga… y sobre todo es mamá de Valentín, mi hijo, de quien sólo puedo decir lo que cualquier padre diría», advierte.


«Es mi único hijo y la expresión de amor más sincera que alguien puede recibir. Hace atletismo, es youtuber… en el verano que pasó, con 13 años, le propuse ‘trabajar’, y si bien al principio rezongó después entendió que le hacía bien. Valentín va al colegio Ciudad, está en segundo año y va transitando como todos y como se puede su época adolescente en estos tiempos de pandemia. En resumen puedo decir que tengo una gran familia: Valentín, Mariángeles, José y María Inés (familia de Mariángeles), los Ibarra, los Genoni… y mis amigos y amigas y la gran familia de Cicloturismo y La Roseta», dice satisfecho.



Los sueños y lo que viene.

«Transité tristezas, claro; pero también muchas alegrías como la mayoría de quienes lean esta nota. Reconozco haber tenido suerte en un mundo tan injusto y desigual. Tengo claro que existe en mi país un estado presente que me permitió crecer, estudiar y desarrollarme. Agradezco también a mi vieja por haberme inculcado la importancia del esfuerzo para conseguir lo que queremos y a Valentín por seguir enseñándome cada día…», dice a modo de balance.


Sueña «poder crecer en mi carrera gremial, pero no voy a perpetuarme… Estoy trabajando y preparando jóvenes en la mutual y en el gremio para cuando me toque salir, para hacerlo con la seguridad que quedará un equipo que tenga la vocación de ayudar».


Y sigue: «Tengo sueños más utópicos quizás, que son los que me permiten ir hacia delante… Pero sé que quiero un país más justo… y va a pasar cuando un padre o una madre transiten con su hijo o hija… Y no vea en ellos el dolor que llevaba mi vieja cuando nos llevaba con mi hermano siendo muy chiquitos».


Rodrigo es joven, inteligente e inquieto… y tiene detrás suyo una historia personal que -en cualquier otro- pudo pegar de una manera negativa, pero para él han sido vivencias que al cabo resultaron un acicate para lo que vendría… aunque hay todavía un largo recorrido por delante. Tiene planes, ansias de aportar y así va perfilando sus acciones. Y ya iremos viendo lo que viene…



«Alguna vez voy a ser candidato».

Tiene un sueño escondido… pero no lo dice. No quiere, y hace bien por ahora. Eso creo. «Llevo toda mi vida adulta en La Pampa, lugar que elegí para vivir. Llegué cuando Oscar Mario Jorge era intendente y Rubén Hugo Marín gobernador. En ese momento mi vida consistía en ver cómo llegar a fin de mes, sostener el costo de mis estudios, pagar el alquiler, comer… y si quedaba algo tomar una cerveza con amigos», se remonta a sus primeros tiempos por aquí.


Ya dijo que «hay buenos y malos, y creo que están surgiendo nuevos perfiles de gremialistas como (Sergio) Palazzo de Bancarios… los Moyano con todas las críticas que se les formulan… Los ‘viejos gordos’ siguen teniendo la tranquilidad de los satisfechos», tira por elevación.


Se queja porque «la política partidaria es tan obsecuente de la derecha y del capitalismo que se olvida de los trabajadores, que tienen que recurrir a salir a las calles, y también participar de la política para hacerse de sus derechos… es reprochable ver políticos que prefieren juntarse con empresarios y no con sindicalistas: Y es porque hay una obsecuencia por el dinero y el capitalismo que a veces da asco».


Indica que su ingreso «a la política fue de la mano de Oscar Mario Jorge. ‘El Ningo’ me dio el espacio para tener mi propia voz dentro del PJ. Fui candidato a diputado provincial y actualmente formo parte del Consejo Provincial».


«La política me apasiona como el mutualismo y el sindicalismo. Considero que ‘políticos pueden ser considerados muchos, pero formados y con vocación para con su pueblo los cuento con los dedos de una mano. ¿Si voy a hacer política? Hago todos los días en cada decisión que tomo, en cada reunión que organizo con dirigentes políticos, gremiales, cooperativos, mutuales, con los trabajadores… siempre estoy haciendo política», asegura.



– ¿Vas a ser candidato?

– Para serlo se necesita un proyecto político realizable. No se trata de repartir cargos sino de qué hacer con el cargo. Hacer política es cambiar la realidad de un pueblo y transformarlo en más justo y solidario. ¿Si quiero ser candidato? Por supuesto, como todos lo que hacemos política de la buena, pero para eso deben darse un número de variables. Y si me preguntan digo que por primera vez el país, la provincia y el municipio de Santa Rosa están en nuevas manos, donde el poder central es delegado. Veremos cuáles son los resultados y en dos años y medio charlamos de nuevo. Mario Vega para diario La Arena



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