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  • Fernando “Catuto” Ojeda

Una charla literaria y pueblerina con Omar Lobos

Omar Lobos el traductor de Dostoievski en las pampas del sur, un escritor especializado en la cuestión mapuche. Autor de libros como “Juan Calfucurá Correspondencia 1854-1873”.

- Cronista: Fernando “Catuto” Ojeda. -


Omar Lobos nació en Winifreda en 1964, es Licenciado en Letras, de la U.N.LPam. (Universidad Nacional de La Pampa), Doctor en Letras de la U.B.A. (Universidad Nacional de Buenos Aires), donde es profesor de Literatura Eslava, profesor de Lengua Española en la Universidad Nacional de Lanús. Además Omar Lobos es traductor del idioma ruso, entre sus obras literarias traducidas se encuentran “Crimen y Castigo” y “Los hermanos Karamázov” de Fiódor Dostoievski (2015, Ediciones Colihue), otra de las traducciones que ha realizado es Teatro Completo de Antón Chejov (2015, Ediciones Colihue), también ha realizado traducciones de circulación interna para los estudios que realiza como investigador. Ha escrito y publicado obras como “La veranada del chachai Calfucurá (2011, Ediciones Colihue), como así también el libro de investigación llamado “Juan Calfucurá Correspondencia 1854-1873” (2015 Ediciones Colihue), “Cuentos en los parques nacionales” (2007, Omar Lobos, Darío Lobos, Oche Califa), y dirige una colección libros de divulgación sobre los pueblos originarios, algunos de esos títulos corresponden a su autoría como “Los Mapuches” y “Los Selk 'nam” (2011, Ediciones Colihue, colección Ediciones del Sol).


Hace unos días nos encontramos con Omar para charlar sobre su infancia, sobre su juventud y su relación con las letras, con la literatura, con el mundo del libro, con el teatro. Tuvimos la suerte de encontrarnos con un muchacho que más allá de su gran formación intelectual nos dio una charla sumamente pueblerina, llena de historias como la que solía contar su padre, Avelino Lobos, el mismo que desde su local pequeño nos contaba historias cuando alguien iba a jugar la quínela o simplemente se arrimaba a escuchar historias que rozaban el realismo mágico tan cultivado por estos sures.



LOS PRIMEROS AÑOS DE OMAR LOBOS, LA INFANCIA Y SU PRIMERA JUVENTUD.



_Nací en Winifreda, y me crie en el Lote 13, fui a la escuela del lote, la escuela primaria, la escuela rural N° 173, mi maestra fue Angélica González de Barbera, “La Negra”, prima de mamá (María Luisa “Chuchi”). Fui la última generación que hizo toda su infancia en el campo, cuando yo empecé primer grado, “La Negra” empezó como maestra en la escuela, ella empezó de maestra y yo de alumno. En esa época se egresaba de 7° (séptimo grado). Después cuando salí de la escuela me vine para Winifreda, el campo se alquiló (se refiere al campo de su papá Avelino Lobos y de su mamá “La Chuchi”). Fueron esos años, durante el proceso, que algunos como nosotros dejamos el campo, el campo se alquiló, la gente se empezó a mudar a los pueblos, o sea que a partir de ahí se empezó a desarmar la colonia, la comunidad del club, los partidos de fútbol, los bailes, la propia escuela fue teniendo menos alumnos, hasta que se cerró y “La Negra” terminó su trabajo como docente en el Lote 12, porque allá la escuela rural seguía abierta, por eso digo que fui parte de la última generación que se crió y que agarro todo eso en su esplendor. Toda la dinámica, los domingos el club, los bailes, las fiestas de fin de año, los actos escolares.

Estaba la comisión del club, mi tío Domingo “El Negro” Lobos que había sido el tesorero, después él se fue a vivir a Mirasol, así se empezó a disgregar todo eso.



En 1978 cuando vos naciste me vine a estudiar al colegio secundario, el IPCR (Instituto Privado Cristo Redentor).

Los 5 años que yo estuve, el rector fue Alejandro Baluth, profesor de Letras, el me empujó a estudiar Letras. Porque cuando salíamos de 5° año nos llevaron a recorrer la Universidad de acá, después nos preguntó y que les pareció, y nos preguntó que íbamos a estudiar y yo le dije económicas, y entonces me dice “¿por qué vas a estudiar económicas?, si te llegas a anotar en económicas te re cago a patada en el culo, para qué te he estado trayendo libros, para qué te he dado a leer, no vos te tenés que anotar en alguna carrera humanística, déjame de joder, no te quiero ver en la facultad de ciencias económicas”; y como yo era dócil dije bueno y me anoté en Letras (risas). Creo que si hubiera estudiado económicas le hubiera encontrado la vuelta para darle un perfil parecido a lo que yo pienso, pero bueno el turco tenía ojo y sensatamente claro que yo era más para las letras o historia que para económicas. Así fue la cuestión.


Bueno te nombré al turco Baluth, como la mentor mío para la universidad, pero mentor mío para el colegio, porque fue mi maestra en los últimos años en el Lote 13, la Elsa Araujo. Elsa es la que me ponía todas las fichas, ella me trajo a conocer el colegio, me presentó a todo el mundo, estaba Nati Ponce de vice rectora en el año 1977, la Nati estuvo un año; y yo hoy le digo a la Nati, vos metías miedo. Cuando me traen a presentarme a la rectora, con su estampa, metía miedo, ella no se acuerda de eso pero cuando le cuento se caga de risa.



Omar tiene muy marcado aquellos primeros años en el pueblo. Sus primeros trabajos.

_Cuando yo vine paraba con mis tíos González, el tío Víctor, el tío Héctor, yo vivía con ellos.

Mis viejos vinieron al pueblo cuando yo estaba a mitad de 4° año.

Esos años del secundario fueron años medio difíciles, porque más allá de la adolescencia, eran años malos con el campo, mis viejos estaban dejando el campo, yo tenía que trabajar. Por un lado estaba bueno trabajar, pero en otro punto era bravo. Los patrones con los que me tocó trabajar en algunas ocasiones eran bravos.


Mi primera ocasión de trabajo en el pueblo fue con Matías Obert, yo tenía 13 años y mi compañero el Fabián Fridel tenía 11, (mientras cuenta esta historia Omar ríe), esos éramos los empleados de Matías. A la semana de que empezamos a trabajar Matías nos dijo que no nos podía pagar, y nosotros estábamos ilusionados con tener un sueldito. Nos dice “estoy fundido chicos si se quieren quedar a aprender un poco con el Roberto Cornelís, pero plata no esperen porque yo estoy fundido”. Y si veíamos que le sacaban las cosas. Una semana le trajeron un juego de living nuevo, a la otra se lo estaban llevando por la ventana (ríe Omar al recordar ello). Matías era martillero, Matías estaba en la opulencia total, o estaba en la ruina absoluta, era de esos tipos que vivieron la vida a saltos abismales.


Con Matías estuve desde finales de mi primer año del secundario como hasta mitad de mi segundo año del secundario. Después trabajé en “Wini Automotores” de Curino, a lavar autos me pusieron, primero me había dicho que era para las oficinas pero al final no, era lavar coches, era medio una lucha para que me pagara y yo a mis tíos le tenía que aportar también por la comida. Así eran esos años, laburar y estudiar. Después fui a trabajar con Pirincho Rodríguez, ahí estuve como dos años con algunas interrupciones.


El mejor trabajo que tuve en aquellos años fue en lo de Klug. Con don Jorge y doña Luisa. Yo ahí entré a ayudarlo a Jorgito, él estaba estudiando todavía. El me dejó la oficina nueva que se habían hecho pegado a lo de la Piada Beck, y él se quedó en el sucucho que tenía al fondo. Cuando no tenía nada que hacer los iba a ayudar al negocio, a atender, a acomodar la mercadería. En aquel entonces llegaba el Chiqui Cases del recorrido y había que pasar en limpio lo del recorrido del Chiqui. Ahí estuve como un año y medio hasta que me fui a estudiar a Santa Rosa. Mientras tanto también seguía laburando con Pirincho.



El Teatro en Winifreda y la experiencia de Omar Lobos


En los últimos años del secundario habíamos empezado a hacer teatro, eso fue en los últimos dos años del secundario, que fueron gloriosos con el teatro del colegio. El turco Baluth lo había movilizado a todo eso. Yo estaba muy entusiasmado, porque a mí el teatro me había gustado siempre. La cosa que Pirincho se enojaba porque yo hacía teatro, después con los años a través de la revista del museo me enteré que él también había hecho teatro, pero claro él era rabioso y me decía “a que van ahí, van a boludear, pero la olla no vas a parar la olla con el teatro, se ponía en aleccionador, y agregaba acordate lo que te dice un boludo Gordo Porcel hay uno solo y lo decía levantando el dedo -risas-.


_ La convocatoria se hace a través de la profesora de historia, Clara Di Nardo, y su marido Pedro Di Nardo fue nuestro profesor de teatro.

La sorpresa es que fueron muchachos que era impensado verlos ir a teatro, como el Gerardo Moroni, el Coco Rivera, muchachos que uno pensaba que no iban a ir a teatro porque estaban más cerca del fútbol, iban a los bailes, ya andaban con las pibas, bueno también estaba la Silvia Galván, la Norma Berg, Ariel Senestro, Miguel Martín, Mónica Fernández, no solo permanecieron en teatro sino que se revelaron como unos actores impresionantes, después se sumaron el Chelo Moroni, y Fernando Putero, todo claro tenía que ver con la muñeca que tenía el director Pedro Di Nardo. Él se lo tomaba en serio y el hacía comprender esa seriedad. Pedro Di Nardo, el primer año (1981), hizo con nosotros “En familia” de Florencio Sánchez, un drama burgués, de comienzos del siglo XX, muy sutil, una comedia dramática, todo el pueblo lloró. Se presentó en el colegio secundario en el salón grande (es posible que ese salón al que refiere Omar es lo que años después fue el aula que daba a la calle 25 de mayo; de hecho fue siempre el aula más grande y diferente que tuvo el IPCR, hasta que el edificio debió ser desalojado por problemas edilicios hace unos años).


Omar como Jorge en la obra "En Familia"

_Antes de presentar esta obra habíamos hecho a mitad de año unas obras breves de Alejandro Casona que incluso la llevamos a la cárcel de Santa Rosa, que fue una experiencia extraordinaria. El que hizo de puente para que fuéramos a actuar a la cárcel fue nuestro profesor de Matemáticas Antonio Garro que era profesor en la cárcel.

El Teatro por ese entonces en Winifreda según nos cuenta Lobos fue una iniciativa de Di Nardo y el apoyo de Baluth, todo a pulmón.


_Esto era una corriente que venía de la mano de Teatro Abierto. Claro que participaban todas las madres de nosotros, se ponían a coser la vestimenta para el teatro, la teñían. El ruso “Miyo” iba a colocar las luces, fabricar los reflectores con tachos de aceite de 5 litros pintados de negro del lado de afuera, era extraordinario. Fue una experiencia colectiva. Como estaba el Turco con su voluntad y apoyo era el apoyo del colegio.


Después en el año 1983 Pedro Di Nardo siguió un año más, pero el Turco (Baluth) ya no estaba en el colegio, ahí ya no fue lo mismo. Pedro se quedó solo. Con Pedro y con el Turco también estaba además del grupo de madres, el profesor de plástica Jorge Sánchez, que hacía el boceto del escenario, fue todo un grupo impresionante. Una vez cuando estrenamos “En Familia” vino un grupo de teatro de Trenel a vernos y quedaron maravillados con lo que nosotros hacíamos. Ellos estaban haciendo en su pueblo “En familia”, después nosotros los fuimos a ver, ellos hacían la obra en otra clave, más pueblera, en cambio creo que lo nuestro fue de otro modo porque Pedro nos exigía como actores capaz que por eso salió tan bien.


Omar en su papel de Harpagón

El último año que estuve en teatro fue en 1982, con Pedro hicimos “El avaro” de Molière, teatro clásico francés en Winifreda. Después muchos nos fuimos porque terminamos el colegio y a mí me tocó el servicio militar y después me fui a estudiar Letras a la Universidad Nacional de La Pampa. Después entraron otras chicas, otro grupo, entró Silvia Sotelo, Víctor Hugo Mossman, Norita González.

Omar Lobos estudió la Licenciatura en Letras, ingresó a la Universidad Nacional de La Pampa en 1984, una vez que se recibe se va a Buenos Aires en busca de su pasión, el teatro.

Antes de ello hizo teatro en Santa Rosa.


_“Yo vivía en la casa de Pedro Di Nardo, en una piecita al fondo, hacía teatro con él. En Buenos Aires hice dos años de teatro en el Taller de Carlos Gandolfo. Después me fui y ya no volví más. Algo que pasó en el medio que no sé bien que pudo haber sido. Pedro siempre me dijo que porque no volvía con el teatro. Incluso yo había dirigido. A lo mejor el teatro me dejó a mí.



Lobos en Buenos Aires otra escuela, otras escuelas.

Omar trabajo en la casa de La Pampa, luego fue un devenir, una búsqueda.


_Cuando renuncié a la casa de La Pampa, anduve al garete un par de años. Cuando me fui a Buenos Aires yo en ese entonces había escrito un par de cuentos que eran malísimos. Una profesora que yo quiero mucho decía “Che le tenemos que decir a Omar que son malos esos cuentos” y Dorita Battistón decía “bueno no, esos cuentos a mí me gustan, tienen algo que a mí me gustan”.


La cosa que en Buenos Aires me dio por escribir, y en una oportunidad me presento a lo que fue a la última edición del concurso literario de la fundación Fortabat y ahí me dieron un premio, eso fue un premio Bienal. Ese concurso era para poesía, cuento y novela. Yo me presenté en la categoría cuento. Yo estaba en la ruina total. Estaba sin laburo. Había estado changueando en Buenos Aires, en noviembre después de mi cumpleaños, me llega un telegrama. Había pedido una beca para irme a estudiar a Praga. Cuando llega el telegrama pensé que era por la beca. Cuando lo abro era de un concurso, había participado en varios concursos. En tres o cuatro concursos, no tenía otra cosa que hacer así que mandaba cuentos a los concursos. Estaba la dirección, Diagonal Norte, llovía, me puse un piloto y fui. Llego pregunto si es ahí y me dicen si es aquí Fundación Fortabat en el tercer piso. Cuando entro me recibe una chica y pregunto, recibí un telegrama, y entonces me preguntan que quien era. Soy Omar Lobos, ¡ah Felicitaciones! ¡Sos el ganador de la categoría cuento! Ah…está bien les digo y ¿cuál es el premio? Entonces me dice, son 15.000 dólares. Ahí me agarré del marco de la puerta, era el año 1996. Me trajo un vaso de agua. Y le conté que estaba en la ruina absoluta. La chica se reía, y se ponía contenta, que lindo que suerte…

Omar en esa oportunidad presentó 3 cuentos.


_Uno de ellos fue “La noche en que Antoñito se le perdió la yegua”, “El Ciego” y el otro fue “Hacía aquel lado del mar”, bueno es un cuento que ya no lo quiero. La gente grande sabe de estos cuentos porque el de Antoñito es sobre Antoñito Faletti, “El Ciego” es un cuento breve de una página, es cuento filosófico de los que yo escribía en aquellos años. El jurado estaba integrado por Eduardo Gudiño Kieffer, Liliana Heker, y me está faltando la poeta. Me acuerdo que Gudiño me preguntó si iba a publicar los cuentos, le dije que no, quien iba a comprar un libro de cuentos de un desconocido. Además no tengo tantos cuentos para hacer un libro. Me acuerdo que me dijo está bien hay que saber esperar.



Omar Lobos con Aurelio Narvaja Director de Colihue y Emiliano De Bin Editor Adjunto.

En 1997 Omar Lobos entró trabajar en Colihue.

_Había transcurrido un año desde que ganó el premio, me había gastado el dinero porque yo estaba en la lona, le pedí socorro a la suegra del dueño de Colihue. Le dije Herminia consígame un laburo ahí porque no tengo un peso. Tengo 50 pesos en el bolsillo nada más. Y Herminia protestaba, no porque vos te estás por ir a la mierda, te vas a ir a Praga. Pero no Herminia no me voy a ir nada a Praga, Herminia necesito laburar. Bue me dice para un segundo. A los 5 minutos me dice ‘Omar dice Narvaja que lo llames. Que vayas el lunes a verlo, que te va a dar una changa’. Ahí me quedé, y ahí empezó mi relación con Colihue.


Empecé como “data entry” (es el que carga datos en una base de datos del sistema computarizado), después me fueron dando otros laburos. Eso fue como ir a la universidad, era aprender todo, corregir, diseñar libros, todo. A lo último sabía hacer todo. Eso fue durante desde 1997 hasta 2001. En el 2001 me fui porque Colihue estaba mal, se estaba fundiendo. Deje de estar dentro pero seguía laburando como externo. Diagramaba libros, corregía, laburaba en la feria del libro, hasta el 2008 laburé así en Colihue. Ya en el 2008 entré a trabajar en la Universidad de Lanús, ya había entrado en la UBA.


En el año ’93 había empezado con el idioma ruso. Y después de la crisis del 2001 Colihue en el 2003 empieza con la colección de clásicos y un día Aurelio Narvaja me llama y me dice: ‘viste que estamos por empezar con esta colección que no se pueden traer más libros de afuera, vamos a traducir nosotros, ¿vos quisiera traducir?’ Si me gustaría le digo, ‘bueno Dostoievski’. Pero está empedo como Dostoievski, yo quería traducir algún cuentito para despuntar el vicio.


Omar en Rusia en 2017

‘No. Tenés que traducir Dostoievski, porque va a salir entre los primeros 5 títulos Crimen y Castigo. Mira es lo que tenés que hacer, ¿necesitas un diccionario? te lo compro. ¿En cuántos meses te llamo para tener la obra traducida?’ y yo que seguida diciendo que no y me cortó el teléfono (risas). Aurelio me metió de prepo a traducir pero él es medio como “Don Corleone”.


Cuando se abrió la cátedra en el 2003 de literatura rusa en la UBA, levantó el teléfono y llamó al responsable del área y le dice: ‘escúcheme una cosa Américo ¿quiénes van a estar al frente del área? Mirá tenés que llamar a Omar Lobos que tradujo Crimen y Castigo y se está por editar, tenés que sumarlo a la cátedra. Y le cortó. Al rato me llaman a casa desde la cátedra. Así fue como empecé en la UBA en Literatura Eslava. Él es una topadora y yo se lo agradezco. Con el libro de Calfucurá de las cartas, me preguntó ¿y quien lo va a publicar? Y yo le dije que no sabía. Entonces ahí me dice, ese libro lo publicamos nosotros. La otra vez me decía es de los diez mejores libros que tenemos en la editorial. Y se lo anda refregando a todo el mundo. Cuando salió el libro decía ‘se van a tener que meter la historiografía argentina en el ojete’ (risas). Ese libro ya se lo ha regalado a todo el mundo, ese libro si él no lo hubiera militado como lo militó no salía. La mujer es profesora de historia, Marcela Díaz, compañera mía en el departamento de producción muchos años, nos peleábamos porque es brava (ríe de nuevo Omar). Aurelio cierta vez me dijo Marcela está conmovida con el libro. Así que bueno para que Marcela esté conmovida con el libro bueno entonces uno queda más tranquilo con el trabajo realizado. Colihue para mí fue otra universidad, por todo lo que aprendí, por toda la gente que conocí ahí, con Oche nos conocimos ahí.




Corrector de Restos Pampeanos de Horacio González

Ahí conocí a Horacio González, yo era su corrector. A veces lo llamaba y le decía pero Horacio no se entiende (risas), bueno voy a ir. Pero Horacio tenés que venir toda la tarde. Porque el dejaba el hilo de sus ideas y después tenías que corregir. Una vez lo llamo y le digo Horacio me tenés que mandar las dos contratapas de tales libros. Entonces me dice por teléfono, queres tomar nota, y yo si decime, me dictó las dos contratapas por teléfono. Eran perfectas.


Yo corregí el libro Restos Pampeanos que para mí es el más lindo de él. Me acuerdo que una vez tuvimos un conflicto, porque era el aniversario de una carrera de la UBA. Y él quería publicar una selección de textos, eran trabajos que habían hecho estudiantes que habían realizado con él en su cátedra. Es decir no había libro, eran un montón de textos. Y teníamos nada más que diez días para editar y que estuviera en forma de libro en la calle. Marcela decía que ella no lo iba a hacer. Fueron diez días tremendos, Narvaja a las puteadas, en esos días como se la pasaba discutiendo con su señora y con Gabriela, terminamos el libro donde el único con el que hablaba era conmigo. El libro salió y Horacio pudo llevar el libro a las jornadas de Sociología.


También tuve la suerte de corregir todos los libros de Galasso.


La primera corrección fue con un libro de una antropóloga Claudia Briones, un libro tan árido, muy interesante, pero tan árido de leerlo, lo llené de preguntas, de marcas. Viene la autora se lo lleva. Cuando lo viene a devolver, yo temblaba, pensaba a ver si se ofende esta señora, yo tenía esa fantasía de que el autor se ofendía porque le corrigieras el libro. Estábamos en un sexto piso con Colihue, y Gabriela que era mi jefa me dice ¿Omar bajas a abrirle a Claudia? Cuando volvemos en el ascensor, me dice la autora, bueno vine a traer acá mi libro con las correcciones, la catarata de correcciones que tenía para revisar, entonces le digo yo le hice la corrección. Claudia me mira y me dice ‘¿Vos?’, Si le digo, y pone la cabeza en mi hombro y dice ‘¡Pobrecito!’. ¿Por qué? le digo, entonces ella me dice y ¡porque no se podía leer! ¡Te agradezco!


Después un año estudiamos juntos mapuche.


Yo tenía tanto miedo cuando empecé, Colihue fue una escuela.


Una noche de lluvia, como a las 2 de la mañana tuve que ir hasta Parque Patricios ir a revisar unos pliegos. A cualquier hora para cualquier cosa había que estar con todo tipo de cosas. Cuando se estaba trabajando con el libro sobre la dictadura de Eduardo Blaustein y Martín Zubieta “Decíamos ayer, la prensa argentina bajo el Proceso”, Aurelio se peleó a muerte con los autores. Ahí Aurelio me dice ‘le dije a Blaustein que él único con el que hable es con vos, vos sos el editor del libro porque yo no hablo más con Blaustein y él no quiere hablar más conmigo, y así fue, después con el tiempo se amigaron. Se peleaba con ellos porque en la investigación que hacían cuando abordaban la estatización de la deuda que habían contraído los militares estaba metido Cavallo, y ellos no lo nombraban, por eso se había peleado Narvaja con ellos. Me mando a realizar una investigación de archivo y me hizo hacer un resumen y en el resumen que hago de esa investigación salta que efectivamente uno de los que diseño esa estatización fue Cavallo. Es cierto Cavallo ya no estaba en el equipo económico pero él había armado todo. Cuando le lleve el resumen Narvaja se dio por satisfecho con un golpe de manos sobre el escritorio y un suspiro de alivio. Eso fue en el primer año de laburo, noviembre de 1998 salió el libro. Yo llevando en una moto un viernes a la tardecita, con todos los rollos de película del libro, yo atrás agarrado del cadete, de Colegiales a La Boca, las cosas del libro porque esa noche ya lo empezaban a montar en la imprenta de Colihue que está en La Boca. Hasta eso hice en Colihue. Quiero decir, detrás de un libro hay muchas cosas.

Omar junto a otro winifredense : Pablo Curino

Menos mal que no te pasó lo de “Cien años de soledad” (risas).


Colihue fue una dura universidad, con estos premios simbólicos muy fuertes y una amistad por su puesto. Ahora es diferente, ahora elijo que traducir y sino llevo un pollo mío para que traduzca lo que Colihue necesita.


Omar ha traducido al poeta ruso Maiakovski para su trabajo universitario pero aún no para Colihue, este humilde cronista espera entonces dicha traducción. Como así también esperamos un ensayo sobre el estimado poeta ruso.


Omar estuvo dando un taller de lectura en nuestro pueblo los martes de 19 horas a 21 horas en La Casa de la cultura (Estación del Ferrocarril), que concluye en la semana del 20 de noviembre.


Omar con amigos en "Lo del Gaspar"



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